Todos los enero y tras 30 años seguidos era la misma promesa y el mismo ritual de peregrinar: este año sí.
El asunto es que Elías Samareño ya tenía 55 años y ya las promesas y los este año sí se acumulaban en olvidadizos recuerdos.
Aún pienso en aquel 14 de enero donde con mirada al cielo y debajo del arco pastoral juro no seguir bebiendo licor y que se convertiría en afamado escritor. Cuatro horas después brindaba con cervezas el haber marchado 14 kilómetros llenos de fe.
Caminaba como un soldado, con la mirada al frente, su rostro era macilento y los ojos fugaces de caballero incierto. Era idéntico al rey de basto.
Pero Elías Samareño no era distinto a mí en los días de enero y los septiembres donde jurábamos sobre la biblia cambiar, recuerdo leímos los hábitos atómicos y con el ritual hedonista de ambos subimos a Instagram el momento:
“Te tienes que enamorar del aburrimiento y seguir con tu habito”.
Recuerdo que posteamos esa frase; yo con un vino y Elías en una playa, donde dejó ver más a sus pies en la arena y el trago que el libro. Lo cierto que a los días el aburrimiento venció a Samareño y olvido el libro en un bar junto a sus cigarros y el resplandor que ya pertenecía a su pasado. La verdad es que no sé qué significa eso del resplandor que ya pertenecía a su pasado, pero me pareció poético decirlo en ese párrafo, total, en estos días de por donde quiera lees: este año sí, es bueno seguir desvariando en las ideas, total, a mis 54 años ya hago pocas promesas como Elías, ambos aprendidos que muchas veces no conseguimos cambiar las cosas según nuestro deseo, pero poco a poco cambia nuestro deseo.